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En el anterior post comentamos brevemente cuales eran los factores que tenían más peso en la recuperación tras una lesión del ligamento cruzado anterior (LCA). Como dijimos, hay dos tipos de factores que juegan un papel importante en la recuperación y que debemos gestionar correctamente. Estos son los factores intrínsecos y extrínsecos.

FACTORES INTRINSECOS

Son aquellos que dependen únicamente del paciente. Por eso, la toma de conciencia respecto a los siguientes aspectos podría ayudar mejorar los resultados. Estos aspectos son:

  • La respuesta biológica a la plastia: la falta de incorporación y el fracaso biológico del injerto son causas reconocidas de malos resultados tras una reconstrucción del LCA. La plastia suele dejar una laxitud anteroposterior residual y el proceso de maduración es un proceso largo, superior a 2 años.
  • El tipo de lesión: depende de las estructuras que se hayan visto implicadas. Por ejemplo, los meniscos interactúan con el LCA para aportar más estabilidad. Por tanto, si los meniscos se ven afectados pueden dejar una laxitud rotacional al pivotar, al afectar al menisco externo. Un mayor estrés en la traslación anterior de la tibia se produce si el que sufre es el menisco interno.
  • Las características anatómicas: hay parámetros morfológicos como la inclinación tibial y la anchura y la forma del condigo femoral que aumentan el riesgo de lesión y pueden provocar un fallo de la reconstrucción. También aumentan la laxitud postoperatoria.
  • Los factores psicosociales: en ellos se incluyen la motivación y la actitud del paciente. En caso de que el paciente no se comprometa con su rehabilitación puede perjudicar y/o retrasar su recuperación. Las razones del abandono del deporte más importantes son el miedo a la recaída o problemas familiares y personales, entre otras. Estos motivos son incluso más importantes que el dolor de rodilla. Debemos tenerlos presentes y saber que con la acción psicológica, los resultados mejoran.

FACTORES EXTRÍNSECOS

Están relacionados con cuestiones técnicas y con la elección de la plastia. Esto puede afectar al resultado final y, por lo tanto, se deben tener en cuenta:

  • El tipo de plastia: habitualmente se opta por un autoinjerto, bien sea del tendón rotuliano o de los tendones de la musculatura isquiotibial. Tras la reconstrucción se produce primeramente una necrosis, a la que le sigue una proliferación de fibroblastos y finalmente se produce una reorganización de todo este tejido conectivo. En las primeras fases es importante evitar el estrés puesto que puede conllevar un fallo de la plastia.
  • La técnica quirúrgica: no existe acuerdo en la literatura científica que nos permita decantarnos por una u otra técnica quirúrgica. Clínicamente, es más frecuente la reparación mediante un sólo haz.
  • Las fases de rehabilitación: una “rehabilitación acelerada” como la pueden realizar a atletas de élite hace que el regreso a la actividad se produzca antes, pero aumenta el riesgo de fallo de la reparación del LCA.
  • El soporte biológico: existen productos, como geles ricos en plasma, que tratan de reducir el tiempo de maduración de la plastia pero los cambios no son significativos.

CONCLUSIÓN

A pesar de que hay varios aspectos que pueden hacer que la recuperación no sea óptima, los resultados suelen ser buenos, ya que en torno al 90% recupera una función normal de la rodilla. 

Por eso, debemos tener cuidado a la hora de planificar una recuperación, para poder evitar los dos principales fallos. A corto plazo, gestionaremos las cargas de entrenamiento para conseguir una recuperación óptima y evitar la ruptura de la plastia. Mientras que a largo plazo, buscaremos limitar la laxitud rotacional y conseguir una buena estabilidad en la rodilla.

Por ello, tenemos que conocer bien los detalles del proceso y gestionar bien los tiempos en función de las capacidades y los límites que presente nuestro paciente.

Bibliografía: