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Permitir a los pacientes el regreso a la actividad deportiva y la competición tras una reconstrucción de ligamento cruzado anterior (LCA) es una decisión complicada. Se deben tener en cuenta multitud de factores. Cuando se produce una lesión del LCA, el tratamiento estándar es una reconstrucción del ligamento, especialmente en pacientes jóvenes activos.

Desde antes de la operación ya podemos comenzar el proceso de rehabilitación, con el objetivo de que la recuperación tras el paso por el quirófano sea lo más rápido posible.

En uno de los estudios más recientes e influyentes mostraron que el 82% pacientes que se sometió a una reconstrucción de ligamento cruzado anterior regresó al deporte. Este porcentaje disminuye si nos fijamos en aquellos que alcanzaron su nivel de participación previo a la lesión (63%) y sólo el 44% volvieron a practicar deportes competitivos, a pesar de que aproximadamente el 90% presentara una función normal de la rodilla.

¿QUÉ INFLUYE EN UNA RECONSTRUCCIÓN DE LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR?

FACTORES INTRINSECOS

En primer lugar, la decisión de regresar al deporte debe basarse en los factores intrínsecos, que dependen únicamente del paciente. Estos factores son por ejemplo: la respuesta biológica a la plastia, el tipo de lesión, las características anatómicas y los factores psicosociales.

FACTORES EXTRÍNSECOS

En este caso, son aspectos más técnicos de la reparación del LCA. Por ejemplo, el tipo de plastia con la que se sustituye al ligamento cruzado anterior, la técnica quirúrgica utilizada en la reparación, las fases de rehabilitación y el soporte biológico que se le da a la plastia.

REGRESO A LA PRÁCTICA DEPORTIVA

Harris et al., realizaron una revisión sobre estudios de nivel I (nivel de evidencia más alto) siendo un total de 49 los estudios analizados. Los participantes de interés fueron mujeres y hombres implicados en estudios con un seguimiento de 2 años tras una reconstrucción del LCA primaria.

1. Cirugía

La reparación más común fue la realizada mediante un sólo haz (87% de los casos). En el 96% de los casos se usó un autoinjerto procedente en la mayoría de ocasiones, en el 62% de las autoplastias, de los tendones de la musculatura isquiotibial (grácil y del semitendinoso).

2. Evaluación

Tras la cirugía, en la mayoría de los estudios se realizaron los tests subjetivos de Lyshom, Tener y del Comité Internacional de Documentación de Rodilla (67%, 53% y 33% respectivamente). Por otro lado, el 31% utilizó el salto monopodal como evaluación funcional, pero no realizaron más pruebas para valorar los resultados funcionales. Y aunque el 31% valoró la fuerza isocinética del cuádriceps y de la musculatura isquiotibial, sólo el 10% de los estudios utilizó estos criterios para permitir el regreso al deporte. Bien es cierto que, de este 10% (n = 532) el 90% era capaz de regresar al nivel deportivo previo a la lesión.

El 65% de los estudios no aportó criterios para recomendar el regreso al deporte. Mientras que, los que sí lo hicieron valoraban resistencia, la ausencia de atrofia del cuádriceps, el rango de movilidad, la estabilidad y propiocepción y las pruebas funcionales.

3. Tiempos de regreso al deporte

El 39% de los estudios proponía iniciar la carrera a los 3 meses de haber realizado la operación. Por otro lado, el 45% recomendaba el regreso a los deportes de pivotaje a los 6 meses, por contra, el 12% plantaba hacerlo pasados los 6 meses. Por último, respecto al regreso a la práctica deportiva sin restricciones, el 51% de los estudios propuso hacerlo a los 6 meses de pasar por el quirófano, mientras que tan sólo el 4% permitía hacerlo antes de los 6 meses.

CONCLUSIONES

La revisión sistemática de Harris et al. mostró que, en el nivel más alto de evidencia de la literatura de LCA, a pesar de la falta de criterios objetivos, se permite el retorno a los deportes de pivotaje a los 6 o 9 meses (67% – 90% en los cuales se informó este criterio respectivamente). Igualmente, cuando se habla del regreso al deporte sin restricciones los plazos que se manejan son de 6 – 9 meses (57% – 86% de los estudios, cuando se informó esta característica respectivamente).

La determinación del éxito de la reconstrucción del LCA es variable, porque aunque las medidas clínicas sean positivas, puede que las capacidades y el rendimiento no estén a la altura de lo esperado por el paciente.

Como ya se ha comentado, las pautas que se barajan actualmente son resistencia, la ausencia de atrofia del cuádriceps, el rango de movilidad, la estabilidad y propiocepción y las pruebas funcionales. Pero todavía no existe literatura suficiente que apoye unas pautas concluyentes para apoyar un regreso seguro al deporte.

El regreso al deporte sin restricción depende de variables que afectan al ligamento y a la rodilla, pero también al paciente, a sus expectativas y al nivel deportivo previo a la lesión. Por tanto, se observa una necesidad de definir criterios objetivos para poder recomendar el regreso al deporte.

Bibliografía:

  • Harris JD, et al. Return to sport after ACL reconstruccion. Orthopedics. 2014; 37 (2): 103-108
  • Zaffagnini S, Grassi A, Serra M, Marcacci M. Return to sport after ACL reconstruction: how, when and why? A narrative review of current evidence. Joints. 2015; 3(1): 25-30
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